Algo pasó, algo raro pasó.
El 26 de Marzo hicimos una función especial para dos maestros Norman Briski y El Chango Spasiuk. En la primera fila los ojos de esos dos popes mirándonos con ganas, ahí nomás al lado, pegados casi al escenario, atentos, gustosos.
Hicimos todo lo que pudimos y salió como salió, como debía.
Y vino la ronda y las palabras en un momento mágico.
Briski dijo: la obra preciosa, preciosa! Y el Chango
- me gustó mucho, sentí emoción y varias veces lágrimas. Estas cosas son difíciles de encontrar, sí hay hechos perfectos que no emocionan. Claro que hay para mejorar, corregir, pero uds. lograron lo más importante y raro, emocionar!
Él había escrito en una carpeta observaciones, sugerencias para hacer. El Chango trabajaba para nosotros! Esto dijo Spasiuk: – La obra debería terminar con una canción, un chamamé con todos en la escena. En la escena de la Venida no debería sonar un blues, sino un chamamé, una música del lugar que ella eligió para vivir. En la corrida de la Marica Ribero y el Correntino debería sonar un picadito con la flauta traversa. En la escena de la producción sonaría muy bien un dúo que sea contestado por el coro, como un contrapunto. En momento del nacimiento yo sacaría la guitarra que sobresale y dejaría sólo una que haga un acompañamiento muy suave. En la canoa habría que bajar el volumen de la guitarra para permitir la mejor audición de la protagonista. Y en general jugar más con los silencios, buscar con los contrastes, más colores, climas –
Y Briski luego de decir - precioso, precioso! – nos dio una clase magistral, que el teatro hay que sentirlo que no hay que hacer como si, que resultará doloroso y a veces difícil pero que eso es el teatro, que las voces dejarán de sonar bajas cuando sienta cada uno de verdad lo que está haciendo, que entonces vendrá la buena voz, potente, que saldrá bien afuera, que hay perlas, que era ese el mejor momento de teatro que había pasado en su vida. Sí eso nos dijo Briski, eso!
En la ronda todos los actores y los músicos, todos atónitos, halagados metíamos bien adentro enseñanzas que venían de dos maestros. Ese lujo era para nosotros, acá lejos en el Felicaria, en nuestro amado lugar, donde la magia viene ocurriendo. Guardábamos ese momento que será una vuelta de tuerca de aquellas, en la evolución del Grupo de Teatro Popular Arroyo Felicaria.

